El Conde Lucanor de don Juan Manuel

                       Exemplo IX. De lo que contesçio a los cavallos con el león

Señor Conde -dixo Patronio-, dos cavalleros que vivian con el infante don Enrique eran entramos muy amigos et posavan siempre en una posada. Et estos dos cavalleros non tenían más de sendos cavallos, et assi commo los cavalleros se querían muy grant bien, bien assí los cavallos se querían muy grand mal. Et los cavalleros non eran tan ricos que pudiessen mantener dos posadas, et por la malquerençia de los dos cavallos non podían posar en una posada, et por esto avían a vevir vida muy enojosa. Et de que esto les duró un tiempo et vieron que non lo podían mas sufrir, contaron su fazienda a don Enrique et pediéronle por merçed que echase aquellos caballos a un león que el rey de Túnez tenía.

Don Enrique les gradesçio lo que dezían muy mucho, et fabló con el rey de Túnez. Et fueron los cavallos muy bien pechados a los cavalleros, et metiéronlos en un corral do estava el león. Quando los cavallos se vieron en el corral, ante que el león saliesse de la casa do yazía ençerrado, començaronse a matar lo mas buenamente del mundo. Et estando ellos en su pellea, abrieron la puerta de la casa en que estava el león, et de que salió al corral et los cavallos lo vieron, començaron a tremer muy fieramente et poco a poco fuéronse legando el uno al otro. Et desque fuerno entramos juntados en uno, estuvieron así una pieça, et endereçaron entramos al león et paráronlo tal a muessos et a coçes que por fuerça se ovo de ençerrar en la casa donde saliera. Et fincaron los cavallos sanos, que les non fizo ningún mal el león. Et después fueron aquellos cavallos tan bien avenidos en uno, que comién muy de grado en un pesebre et estavan en uno en casa muy pequeña. Et esta avenençia ovieron entre sí por el grant reçelo que ovieron del león.

Exemplo XIII. De lo que contesçió a un omne que tomava perdizes

Señor conde -dixo Patronio-, un omne paró sus redes a las perdizes; et desque las perdizes fueron caydas en la ret, aquel que las caçava llegó a la ret en que yazían las perdizes; et assí commo las yva tomando, matávalas et sacávalas de la red, et en matando las perdizes, dával el viento en los ojos tan reçio quel fazía llorar. Et una de las perdizes que estaba biva en la red comenzó a dezir a las otras:

- ¡Vet amigas, lo que faze este omne!, ¡Commo quiera que nos mata, sabet que a grant duelo de nós, et por ende está llorando!

Et otra perdiz que estava y, mas sabidora que ella, et que con su sabiduría se guardara de caer en la red, respondiol assí:

- Amiga, mucho gradesco a Dios por que me guardó, et ruego a Dios que guarde a mí et a todas mis amigas del que me quiere matar et fazer mal, et me da a entender quel pesa del mio daño.

Exemplo XXXVIII. De lo que contesçió a un omne que yva cargado de piedras preçiosas et se afogó en el río

Señor conde -dixo Patronio-, un omne levava muy grand presa de piedras preçiosas a cuestas, et tantas eran que se le fazían muy pesadas de levar; et acaesçió que ovo de passar un gran río; et commo él levava grand carga, çafondava mas que si aquella carga non levasse; et quando fue en ondo del río, començó a çafondar mucho.

Et un omne que estava a la oriella del río començol a dar vozes et dezir que si non echasse carga, que sería muerto. Et el mesquino loco non entendió que si muriesse en el río, que perdería el cuerpo et la carga que levava; et si la echasse que, aunque perdiesse la carga, que non perdería el cuerpo. Et por la gran cobdiçia de lo que valían las piedras preçiosas que levava, non las quiso echar et murió en el río, et perdió el cuerpo et perdió la carga que levava.

       

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Última Actualización Madrid a 5 de Enero de 1998



© 1998 Jose María García Jiménez